1. Y.X.O. (abYssal eXperience of a drOp of water) o ¿cuánto pesa una gota de agua?

¿Qué es lo que ocurre si la cantidad de energía liberada por una gota de agua al caer desde una altura de 5 metros se amplifica adecuadamente? Quiero decir, ¿qué se desencadena al golpeo de esa gota contra el suelo? ¿Siente el suelo que esa gota se rompe contra él? ¿Tiembla? O, ¿cómo se rompe esa gota? ¿Es plaf y ya está, o encuentra la piel del agua y se hace agua con el agua que no está? Porque nunca hubo agua antes en este lugar, y ahora aparece a cada gota que cae.

Y me pregunto, ¿cuánto pesa una gota de agua? ¿Y 20.000 gotas? Esto es, ¿cuántas gotas hay en un litro de agua? Y sobre todo, ¿qué cadencia debe de tener un goteo para vaciar un recipiente al cabo de 10 días si esa cadencia se mantiene durante dos horas al día?

El desencadenamiento del sentido de la propuesta comienza a partir de un hecho real: una gota de agua  cae desde lo alto con una cadencia determinada mediante un sistema de goteo a un punto determinado. En ese lugar, un recipiente-objeto recoge el goteo de agua. El sonido de la gota de agua al golpear ese recipiente activa –en ese preciso instante– un sistema acústico-visual tal que la impresión que recibe el espectador ha de ser la de estar situado en un estanque cubierto por unos pocos centímetros de agua.

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Aplastamiento de las gotas

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Julio Cortázar