Nineteen rings

Patxi Araujo01

Imagínese que uno de los fundamentos sobre los que descansa su percepción de la realidad se vuelve, digámoslo así, ambiguo. Imagínese, por ejemplo, que el suelo que Ud. está pisando no es tan estable como en un principio cabe suponer; imagínese que ese suelo se mueve. “El suelo no se mueve” afirma Ud. No, desde luego, por definición, el suelo no se mueve. Pero la única manera que tiene de saberlo es que Ud. permanece estable y quieto, porque el suelo que está Ud. viendo efectivamente, se mueve.

Bien. Para solucionar este conflicto, esta información contradictoria, le propongo un juego. Pensemos, por ejemplo, que nuestro suelo no es suelo, sino las ruedas que introducen la combinación de números para abrir la caja fuerte, una caja fuerte muy especial; imagínese que además Ud. tiene capacidades de telekinesia y es capaz de mover esas ruedas con sólo desplazarse ligeramente, sin tocarlas siquiera… ¿qué le parece?

Pero imagínese Ud. que junto a ese movimiento se presenta una secuencia de números cambiante, aleatoria, y que Ud. identifica con la secuencia que abre esa caja. Por supuesto, Ud. desconoce cual es la combinación acertada. Además, todas las posibles combinatorias de los diez primeros números son 3.628.800, por lo que la posibilidad de dar con la que se necesita se reduce a 1: 3.628.800. Hmm…muy pocas posibilidades, demasiadas llaves que no conducen a ningún sitio… Pero aun así, es un conjunto finito de posibilidades; grande, es cierto, pero finito. Así que vamos a probar. De hecho, Ud. lo intenta: cada vez que se desplaza, su movimiento activa una nueva búsqueda, una nueva prueba, una nueva vuelta a la ruleta.

Debo advertirle que, en cualquier caso, todavía nadie ha conseguido abrir la caja.