Lorenzo de Medici, en el Museo de Reproducciones de Bilbao
Los girovagos fueron monjes errantes, marginales e indisciplinados, que deambularon por Europa expatriados de la comunidad religiosa y sin residencia fija. Viviendo de la caridad y la hospitalidad de los demás, fueron prohibidos insistentemente por diferentes concilios de la iglesia hasta la Edad Media, lo que da fe de su existencia. En el siglo XV, vivió Lorenzo de Medici en Florencia. Fue poeta, mecenas, estadista, filósofo y seductor. Dicen de él que buscó el disfrute estético y la contemplación sobre todas las cosas.
Aunque improbable, no es imposible que en algún momento coincidieran.
La suspensión de la incredulidad en Gyrovagvs se construye desde un dialogo abierto entre la realidad física y la virtual, a partir de la naturaleza de la luz y la sombra, y el encuentro entre fantasmas y reproducciones.
La imagen virtual del giróvago proyecta su propia sombra sobre el entorno físico de la reproducción de la escultura de mármol de Lorenzo de Medici, conocida como Il Pensieroso. Pero sólo los elementos físicos proyectan sombra. Una imagen virtual (un fantasma) NO DEBERÍA HACERLO. El espectáculo (o el drama) está servido.
Un museo de reproducciones y sus propios fantasmas puestos en valor por otro fantasma. El dialogo entre la escultura, su silencio, su quietud o su mito con el objeto digital dinámico, sonoro, inaprensible.
En una cultura digital de realidades aparentes, virtuales e intangibles, de artefactos sin alma y pensamientos incorpóreos, Gyrovagvs se ubica en el improbable límite entre una dimensión imaginaria y otra puramente tecnológica. La naturaleza de esta entidad habita precaria y dramáticamente a ambos lados de un espejo, como un pensamiento intermitente o casi como un juego cuántico. Gyrovagvs desafía nuestra percepción de lo real, e interpelándonos desde su trono inexistente, escapa del confinamiento del pensamiento lógico o de su definición como ilusión óptica. Porque Gyrovagvs afirma que la realidad -y por tanto también, todo lo que nos abruma- surge de la sutil mezcla entre lo ficticio y lo real.