La imagen y el sonido de The Flag simulan mediante un sistema de partículas una bandera que ondea al viento. Es una bandera sin color ni identificación posible, por lo que representa a todas y a ninguna a un tiempo. La particularidad de The Flag es que ésta ondea y se mueve en función de la posición y cantidad del público que la esté viendo en ese momento.
A pesar de su componente interactiva y de su dimensión de espectáculo audiovisual, The Flag no es una obra lúdica, sino una herramienta de reflexión en torno al simbolismo de la bandera y al poder del grupo frente al del individuo. Para ello, utiliza su escala (una enorme bandera proyectada frente a la de las personas que la contemplan) y un algoritmo que no considera tanto los movimientos individuales de las personas como los promedios de movimiento de la totalidad de las personas. Mediante el dialogo o el acuerdo, las personas que integran ese grupo pueden decidir actuar en un sentido o en otro. Es una obra en blanco y negro, social y política.